Cuando estrés parecen cuatro

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Actualmente, la palabra estrés se ha instalado en nuestras vidas de una manera casi imperceptible, pero hasta el punto que una gran parte de nuestra población sufre de dicho síntoma.

Para combatirlo, cada vez es más la gente que usa el deporte como  método para evadirse de sus problemas, y entre ellos,  os quiero hablar sobre la meditación y sus beneficios.

Estudios recientes,  han demostrado las mejoras tanto físicas, como mentales que puede aportar este ejercicio.  En el físico, entre otras cosas,  fortalece los músculos y los huesos, retrasa el envejecimiento, oxigena y limpia nuestros órganos,  da flexibilidad y equilibrio,  aumenta la energía vital, también trabaja el sistema inmune,  digestivo,  respiratorio, etc.

En el plano  mental, favorece la concentración y la capacidad de razonamiento,  disminuye el estrés, nos trae armonía interior y nos ayuda a tener un pensamiento más positivo.

Para ello, podemos encontrar  clases de yoga, reiki, tai-chi y pilates, para aprender  a ejercitar  por partida doble y de manera positiva nuestro cuerpo y mente.

“No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”. Aristóteles

No me molestes, estoy conmigo mismo

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¿Cuántas veces a lo largo de su vida se ha sentado a reflexionar? Si en este momento aún lo está pensando es que han sido terriblemente escasas. Esta existencia acelerada, en la que estamos inmersos hoy en día, no nos permite ese instante de aliento tan necesario para poder replantearnos la situación en la que nos hallamos, y es ahora más que nunca cuando necesitamos de ella.

Un experimento realizado por el departamento de Psicología de la Universidad de Toronto, en Canadá, con un grupo de voluntarios demostró lo beneficioso que es conversar con uno mismo. Esta acción tan básica y a su vez vital comienza en momentos tan cotidianos como cuando practicamos algún deporte y a pesar del cansancio, nos decimos mentalmente que aún podemos continuar, o cuando nos convencemos a mantener la calma en una situación en la que estamos a punto de perder la paciencia. Estos diálogos interiores son bastante habituales, sin embargo, no son suficientes ya que son más efectivos cuando se verbalizan. Aun así, los resultados determinaron que las personas a las que se les impidió hablar consigo mismas obtuvieron peores resultados que los que sí pudieron.

Está demostrado que la gente actúa de forma mucho más impulsiva cuando no puede oír su voz interior. Constantemente nos mandamos mensajes a nosotros mismos con la intención de auto-examinarnos, subrayar lo que hacemos y reflexionar sobre ello. Muchas veces son mensajes mentales, silenciosos, pero otras, se explicitan en voz baja, se murmuran.

Desde tiempos inmemoriales se ha pensado que hablar a solas es de locos, por eso cuando se hace la gente se asegura bien de que nadie los esté escuchando. Sin embargo, parece que esta costumbre estimula el cerebro y ayuda a concentrarse mejor en la tarea o problema a resolver, según indica un estudio recientemente publicado en la revista estadounidense “Quarterly Journal of Experimental Pyschology”.
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Decirnos las cosas que tenemos pendientes a nosotros mismos y meditar en voz alta acerca de eso que nos angustia ayuda a nuestro cerebro a reactivar esa información y a facilitar así la resolución del problema. De esta forma, el lenguaje podría estimular la percepción haciendo que el individuo focalice su atención en aquello a realizar.

Es muy recomendable plantearse dentro de las rutinas diarias de cada uno, varios minutos de meditación o reflexión. Bien es cierto, que no todo el mundo posee de ese tiempo, o eso dicen algunos, aun así es de vital importancia sacar unas horas a la semana para hablarse a uno mismo. Evidentemente, y viendo la tónica general, nadie que lea esto lo llevará a cabo pero al menos se planteará durante algunos segundos la posibilidad de hacerlo.

“Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión”. Napoleón I